Si no es un gol de oro lo que derriba al Coinasa Liceo cuando empata contra el Reus en una situación límite, es una tanda de penaltis. Con un solo acierto a bola parada ganó el equipo catalán el tercer partido de las semifinales del play off liguero, el primero en Riazor. Finiquita así la serie (3-0) sin darle a los coruñeses una grieta de esperanza, una ranura por la que asomó el equipo de José Querido ayer en una segunda parte prodigiosa, heroica, memorable, extraordinaria y todo lo que se quiera engrandecer. Pero mandan los hechos, no las sensaciones.
El Reus pareció el mejor Barça en el primer periodo, ese equipo que espera agazapado y saca la cabeza y el hacha para degollar a su víctima al mínimo despiste, en una contra vertiginosa o con un disparo imposible. Una falta directa de Pedro Gil encendió el marcador al cuarto de hora y casi cinco minutos después repitió el verdugo con un misil que paralizó a Llaverola. No era peor el Liceo, pero no apuntaba en la diana, simplemente: Lamas y Reinaldo se tropezaron con los palos.
El paso por el vestuario transformó al Liceo en un equipo distinto, un soldado herido que aún confiaba en combatir sin perder el honor y la fe en la victoria. Su reacción fue precisamente la de un guerrero. Payero marcó con un torpedo lejano (m.29); Pablo Álvarez abrió la zaga contraria con una incursión en diagonal (m.34) y Lamas se lanzó en plancha para enganchar un perfecto pase cruzado de Pedro Alves (m.39). Entre el segundo y el tercer gol falló el Liceo dos penaltis, los paró más bien Trabal con dos dobles intervenciones.
El partido agonizaba cuando Gual, a falta de 1.25, se dio una letal media vuelta sobre sus patines para igualar. A Reinaldo se le fue la olla al autoexpulsarse al borde del bocinazo final. Bajó la intensidad en la prórroga. Y en esa tarea tan imposible que parece marcar un penalti acertó sólo Molet. El Liceo llora orgulloso. (laopinion)